Anécdotas

 

Exposición:

La actividad teatral en Bogotá. 1950 - 1959

 
 

Ondas clásicas

 

El 1 de febrero de 1940 se inauguró la Radio Nacional y entre sus objetivos se hallaban los de ampliar la franja de oyentes y dar a conocer obras de autores nacionales y extranjeros. Seis años más tarde, en su informe de 1946, el Ministro de Educación escribía que dicho empeño se había logrado con creces en la franja de la hora veintiuno de los domingos, en la que se transmitía obras de teatro. El repertorio radiado iba desde la tragedia griega hasta la comedia norteamericana, incluyendo los clásicos españoles, franceses e ingleses y las obras de los autores colombianos; y que entre los títulos más escuchados se encontraban las tragedias Macbeth, Hamlet y Otelo de Shakespeare y Prometeo encadenado de Esquilo. En cada uno de ellos habían intervenido, además de los intérpretes, adaptadores y directores;  así mismo, para la tragedia griega habían contado con el maestro Guillermo Uribe Holguín, compositor de la música incidental, la Orquesta Sinfónica Nacional y los coros femeninos del Conservatorio de la Universidad Nacional.

 

Balance radioteatral

 

A finales de enero de 1947 el programa de Radioteatro, de la Radiodifusora Nacional, después de siete años de actividades podía informar que se habían transmitido 35 obras de teatro de autores nacionales, entre ellos, Oswaldo Díaz Díaz, Rafael Guizado, Rafael Jaramillo Arango, Alejandro Vallejo, Salvador Mesa Nicholls, Ángel María Céspedes, José María Samper, Bernardo Romero, Hernando Vega Escobar, Jorge Zalamea y Ricardo Castillo.

Leyendo teatro colombiano

Alfonso García Terán, Jefe de Propaganda de la compañía Sidney Ross, decidió transmitir desde el Teatro Colombia (abierto al público) y a través de la emisora Nueva Granada y de sus estaciones en todo el país, obras de teatro en el popular programa “Desfiles Glostora”, de manera que la radiodifusión colombiana elevara su nivel y también se pudiera leer, entre otras, poesías y obras de teatro colombiano, música y canto.

Bigamia política censurada

 

Marino Lemos López (1922-1988), abogado de profesión, dramaturgo y director de su propia compañía (la Colombiana de Comedias), en su producción artística quiso reflejar los temas relacionados con la violencia que caracterizó a su época. Entre sus obras de la década del cincuenta se destacan: Se prohíben los vicios menores (1951), Bigamia oficial (1952), Sangre verde (1954) y Café amargo (1964). Los dos últimos títulos le significaron al autor grandes éxitos teatrales y, al mismo tiempo, provocaron fuertes reacciones en algunos sectores de la sociedad. Cuando la compañía llegó a Bogotá para una temporada en el Teatro Municipal, en la quinta función de Bigamia oficial, a pesar de que el dramaturgo Antonio Álvarez Lleras (quien pertenecía a la Junta de Censura) había dado el pase a la obra, la Policía entró al escenario, rompió el decorado, tiró el vestuario a la calle y sacó a culatazos al público. Gracias a que Lemos era abogado, supo defenderse y obtuvo una indemnización por daños y perjuicios. Por su parte, la obra Café amargo, valiente denuncia sobre la violencia, obtuvo el respaldo del Club de Leones que compró a buen precio una función para el cuerpo diplomático acreditado en Colombia.

Un cupido muy pupi

 

A mediados de 1955, la compañía italiana Los Pupi llegó al país y su estadía se prolongó más tiempo del previsto, debido a la gran acogida que el público le brindó. Por tanto, los caminos americanos retenían a la compañía y sus integrantes escuchaban lejanas las sirenas de los trasatlánticos. Dos de los marionetistas, Fabio Guidi y María Boratto, por esos mismos caminos habían recibido las flechas disparadas por el pequeño Cupido y tenían afán de casarse lo más rápidamente posible. Cada día que pasaba, a Fabio y María el deseo por casarse se les fue convirtiendo en una gran desazón a la cual no querían resistirse. Así que después de terminar la temporada en Bogotá decidieron casarse en el primer sitio al que llegaran. Barranquilla se convirtió en ese sitio. Ambos hablaron con el párroco de San Nicolás y el sábado 8 de octubre el cura los casó. Sus compañeros de la compañía y algunos admiradores de la ciudad los agasajaron con una gran fiesta en el hotel San Blas. Es de suponer que Fabio y María se hayan vuelto devotos de los santos Nicolás y Blas o hayan bautizado a uno de sus hijos con alguno de esos nombres.