La farándula oficial

Cortas historias de éxitos y frustraciones

A lo largo del siglo xx, autoridades gubernamentales del orden nacional o regional tuvieron el propósito de instituir una compañía de teatro que colaborara en su fomento e impulsara la dramaturgia nacional. Por diferentes motivos estos objetivos no pudieron consolidarse tal como se pretendían desarrollar. Para esta exposición, esos proyectos son una disculpa para recordar cortas historias del teatro.

1937. Primera estación: Grupo Escénico Vargas Tejada

Índice Diario Oficial 23598.

Grupo escénico Vargas Tejada.

Gustavo Santos, director de Extensión Cultural y Bellas Artes del Ministerio de Educación, le propone al ministro de Educación, José Joaquín Castro Martínez, la formación de una compañía nacional con los mejores actores y actrices que, desde hacía varios años, trabajaban en provincias. Dos objetivos persigue el ministerio: educar y fomentar nuevos elencos de teatro popular y estrenar obras de dramaturgos colombianos.

 

Entusiasmado con la idea, el ministro Castro Martínez acepta y hace todo cuanto está a su alcance para facilitar la ejecución del proyecto, pues no existe un presupuesto asignado para llevarlo a cabo. Ordena, entonces, pasar algunos recursos de otros rubros y con estas partidas dicta los decretos reglamentarios de nombramiento de ocho artistas, entre actores y actrices. Los más importantes son: Carlos Escobar Díaz, José Antonio Muñoz, Marta Torres y Jorge Palomino. Este grupo escénico nacional se identifica con el nombre de Luis Vargas Tejada, el dramaturgo bogotano del siglo xix, considerado por algunos estudiosos como el padre del teatro republicano.

 

Estas noticias son buenas para los escritores de teatro consagrados, igual que para los noveles, pues ya no se quedarían con sus obras dentro de los cajones de la biblioteca. Entre los nuevos se encuentra Vicente Arias, dramaturgo de vocación tardía, quien es el más ilusionado. Pero él, al igual que los otros, se queda sin debutar en las tablas porque el grupo escénico Vargas Tejada se extingue al poco tiempo. 

 

 

 

Este intento, o fracaso, como lo calificaron algunos, se debió a varios factores: el salario no sedujo a muchos artistas y la ciudad era más costosa que las provincias; no había ambiente cultural en diferentes estamentos sociales; faltaban recursos económicos y la taquilla no aportaba lo suficiente. El más reconocido dramaturgo del país, Antonio Álvarez Lleras, hizo el balance: “Desgraciadamente, no habiéndose encontrado partida en el presupuesto para tal fin, hubo que recortar la destinada a otro renglón, de tal suerte que la suma resultó muy exigua y apenas alcanzó para señalar los sueldos, por cierto insuficientes, a ocho o diez actores sin ningún margen para aumentar el personal. Como, además, el correspondiente decreto reglamentario no dejó libertad alguna para cambiar este personal o mejorarlo, aquello fracasó, como era lógico”.

Coda

Artistas e intelectuales bogotanos no renunciaron a la idea de tener una compañía teatral, anexa al Colón, así que cuando se nombra a Daniel Samper Ortega director del teatro, él organiza un grupo escénico compuesto por el joven Víctor Mallarino, Ricardo Pardo, Amalia Vélez de Mesa Nicholls y otros más. La agrupación representa Fuego extraño de Álvarez Lleras y El tesoro de Ángel María Céspedes. Además, Samper Ortega abre una “pequeña escuela de danza y otra de teatro para niños”, como escribe en su informe al Congreso el ministro de Educación.

1937. Segunda estación: Teatro cultural

La sección de Extensión Cultural y Bellas Artes del Ministerio de Educación, con la colaboración de Casa Bayer, construyó un teatro transportable fácil de armar en cualquier parte, y allí comenzó a actuar la primera compañía oficial de guiñol, compuesta por 18 muñecos de cartón de 50 centímetros de alto, bajo la dirección de Antonio Angulo. El escenario era de tubos metálicos, de dos metros cuadrados por tres de alto y con los implementos necesarios para las presentaciones: poleas, ganchos, telones, argollas, estantes, discos, etcétera. La compañía era itinerante, se le distinguía con el nombre de Compañía de Guignol, y viajaba a divertir los niños de hospitales, orfanatos, reformatorios y de barrios obreros.

Índice Diario Oficial. Teatro Cultural.

Cuando se terminó la construcción del Teatro Cultural en el Parque Nacional, iniciativa de Jorge Zalamea, este fue la sede de la compañía transportable y de otras marionetas más que comenzaron a actuar en octubre de 1937. Los nombres del nuevo elenco eran: Pinocho, primer actor, Miguelito, Pelucín, Don Pancho, Doña Diabla, Mizin, Ño Sempronio, Ña Natividad, Periquito y Periquita, Kiko y Nelly, Pepito y Pepita, Fanny y Robertico.

 

Para reforzar las actividades infantiles, en mayo de 1938 (decreto 1137) se eligió a José Agustín Pulido Téllez como director de la escuela de teatro infantil, y en diciembre, se nombraron más actores y actrices en el Teatro Cultural (decreto 2312): Carlos Escobar Díaz, primer actor; José Antonio Muñoz, segundo actor; Josefina Méndez, primera actriz, Carmen Rojas, segunda actriz. A mediados de 1940 se arreglaron los pasillos del teatro, el escenario, los camerinos y se mejoró la ventilación, entre otras refacciones que ese año se hicieron, y se incrementó la planta de artistas con el nombramiento de Ester Sarmiento como segunda actriz.

A mediados de los años cuarenta, la compañía permanente es conocida bajo el nombre de Compañía Nacional Piccoli Alegría, la cual extiende sus temporadas al Teatro Municipal y al Colón para realizar montajes de gran aparato con la Orquesta Sinfónica Nacional; luego con la Compañía Nacional de Ópera se escenifica El retablo de maese Pedro, del compositor español Manuel de Falla. Después del gran éxito y del trabajo desarrollado por los artistas del Teatro Cultural, durante más de diez años, aproximadamente, la década del cincuenta ve su declive.

Decreto #2312 de 1938 (diciembre 20)

1943. Tercera estación: Compañía Nacional de Teatro

En septiembre de 1943 el doctor Darío Achury Valenzuela, director de Extensión Cultural del Ministerio de Educación nacionalizó la Compañía Vega de Vásquez que había hecho su debut en el Teatro de Colón, en junio de ese año, con apoyo económico de esa oficina.

 

(Más información en el artículo: La compañía "Vega de Vásquez" se prepara para una nueva temporada).

 

Este auxilio no causó polémica en el medio cultural porque las compañías de teatro, activas ese año, habían recibido igual patrocinio; la controversia se presentó por la nacionalización. Las preguntas giraban en torno a los criterios de la selección. Con respecto a este tema, al final de ese año, en su informe al Congreso, Achury escribió: “El criterio que inspiró esta escogencia ha sido ampliamente discutido. Los elementos integrantes de esta agrupación y el repertorio seleccionado para el desarrollo de la temporada concordaban con el pensamiento del ministerio sobre la misión del teatro nacional”. 

 

Esta misión estaba centrada en el repertorio, que debía ser “exclusivo”, “brillante”, “de alto teatro”, que conquistara nuevos públicos; se trataba de presentar “un teatro moderno”, “literario, emocional, intelectual”, al mismo tiempo. Y como lo expresaba Rafael Guizado: “cuidadoso en la forma, poético, alejado de tesis, de conflictos morales, de afanes probatorios; escrito y representado con la exclusiva finalidad de producir en el espectador una emoción estética, para lo cual exigía de ese mismo espectador una cooperación intelectual constante...” 

 

(Continuar leyendo el artículo de Guizado).

En: El Tiempo (Bogotá),

Jun. 18, 1943. p. 13.)

 En: El Tiempo (Bogotá),

Jul. 7, 1943. p. 12.

Carlos Emilio Campos.

En: El Tiempo (Bogotá),

Jul. 7, 1943. p. 12.

Hernando Vega Escobar.

En: Cromos (Bogotá), núm. 1290,

Sep. 6, 1943. p. 3.

Compañía Vega de Vásquez. Elenco de Luna de arena. De izquierda a derecha, arriba: Mary de Vásquez, Pablo Emilio Campos (Al parecer hay un error y se refiere a Carlos Emilio Campos "Campitos"), Sonia Quevedo; abajo: Ernesto Hoffman, Julia Sierra, Celina Rangel. Dibujo de Serrano. En: El Tiempo (Bogotá), Jul. 7, 1943. p. 7.

El ministro de Educación, doctor Rafael Parga Cortés, firma los decretos correspondientes. En su nueva condición de nacional, la compañía es reestructurada y el ministerio nombra una junta asesora, cuyo miembro más importante es el director de Extensión Cultural, doctor Achury, para acompañar al director artístico en algunas decisiones, en especial en las relacionadas con la selección del repertorio.

 

La Compañía Nacional comienza temporada en el Colón, el 9 de septiembre de 1943, con funciones los jueves, sábados y domingos, durante tres meses. El director continúa siendo Hernando Vega Escobar, quien también se desempeña como primer actor. Mary de Vásquez, codirectora y primera actriz; Carlos Emilio Campos, quien hacía su debut en las tablas, aunque ya era ampliamente conocido como Campitos en la radio, y Julia Sierra, primeros característicos. Carlos Escobar Díaz y José Antonio Muñoz, característicos. Sofía Hernández de Cristancho, Flor Vargas y Marina Moratón, damas jóvenes. Guillermo Beltrán y Ernesto Hoffman Liévano, galanes jóvenes. Las decoraciones corren a cargo del maestro Luis Alberto Acuña.

 

La compañía representa las siguientes obras: Complemento de Rafael Guizado, Viaje a la tierra de Gerardo Valencia, Luna de arena, de Arturo Camacho Ramírez, Prohibido suicidarse en primavera de Alejandro Casona y La luna se ha puesto de John Steinbeck, traducida y adaptada por Rafael Guizado. En octubre, la Compañía Nacional viaja a Tunja, invitada por el gobierno departamental; presenta en el Teatro Municipal Complemento, y Prohibido suicidarse en primavera

 

Después de tres meses de temporada, la compañía nacional dejó de existir. El ministerio argumentó la carencia de recursos para continuar con “experimentaciones” teatrales y aunque reconocía que los resultados artísticos habían sido un éxito, los de taquilla no. El director Hernando Vega Escobar también dio explicaciones: el público no había asistido porque el repertorio era de “élite” y en Bogotá, como en cualquier parte del mundo, las élites artísticas eran limitadas, por ello las experimentaciones teatrales requerían de patrocinios. Otras personas, así mismo, se refirieren a la necesidad de educar al público. El dramaturgo Antonio Álvarez Lleras dejó oír de nuevo su voz para hacer el balance, lo resumió en “mala orientación en el repertorio” y “falta de libertad para la creación artística”.

 

(Leer la carta de Álvarez Lleras a Vega Escobar).

 

Se quedan sin estrenar varias obras: Blondinette de Oswaldo Díaz Díaz, Plaza de san Francisco de Rafael Guizado y Farsa de los pingüinos peripatéticos del poeta León de Greiff, quien había manifestado su deseo de adaptarla al teatro.

1943. Cuarta estación: Grupo Escénico del Tolima

Tres diputados de la Asamblea del Tolima, en mayo de 1943, pasan un proyecto de ordenanza para la creación de un grupo escénico del departamento. Detrás de esta idea se halla el reconocido dramaturgo y director teatral Salvador Mesa Nicholls, quien dirigía en ese momento, en Ibagué, una agrupación infantil y otra de adultos, y requería de apoyos económicos para continuar con su proyecto. 

 

El 10 de junio es aprobada la ordenanza, se le asigna el número 18 de 1943, por medio de la cual crea y reglamenta el grupo escénico en sus labores artísticas dentro de la ciudad y el departamento, asigna salarios para el director, doce miembros del elenco artístico, consueta, traspunte, tramoyista, escenógrafo, etcétera. El artículo 6, de la misma ordenanza, crea un fondo rotatorio con la suma de mil pesos para los gastos que demanden las presentaciones dentro y fuera de Ibagué. Como director y primer actor es nombrado Mesa Nicholls por un lapso de dos años, y como primera actriz debuta la joven Ligia Bonilla, considerada una promesa del arte nacional. 

 

El grupo infantil debuta con Blanca Nieves, adaptada por Mesa Nicholls, el vestuario y los decorados son diseñados por el maestro Julio Fajardo, pintor reconocido en el país. La agrupación viaja en diciembre a presentarse en las actividades culturales de la Gran Exposición en Medellín. El grupo de adultos debuta en octubre 23 con la comedia Los hijos artificiales, de Joaquín Abati. 


 

Salvador Mesa Nicholls.

Dramaturgo y director.

Debido al éxito de la agrupación en Ibagué, el director hace diligencias para presentarse, a comienzos de 1944, en el Teatro Municipal de Bogotá, con la obra Borrasca de su autoría. También presentaría piezas escritas por su hermano, Alejandro Mesa Nicholls, quien prematuramente había muerto, pero la capital de la república lo había reconocido como dramaturgo talentoso por las piezas: Nubes de ocaso, Lauro candente, Juventud, Golondrina errante y otras más. 

 

Infortunadamente el Grupo Escénico del Tolima no pudo realizar ningún viaje fuera de Ibagué, durante 1944, pues el departamento olvidó incluir en el presupuesto las partidas correspondientes a los artículos sexto y séptimo, relacionados con presentaciones fuera de la ciudad y sus respectivos viáticos; por tanto, siguió actuando en casa. Al poco tiempo la agrupación dejó de ser oficial, pues las otras partidas para su funcionamiento tampoco fueron incluidas en el presupuesto.

Texto de la Ordenanza 18 del 19 de junio de 1943. Departamento del Tolima.

1961. Quinta estación: Teatro Escuela de Cali

El Teatro Escuela de Cali, conformado en su mayor parte por la primera generación que se graduó en la Escuela Departamental de Teatro, es establecida como agrupación oficial, con presupuesto departamental y un aporte del gobierno nacional, de ochenta mil pesos anuales, “destinados al montaje de obras y a llenar las necesidades económicas del grupo teatral”. En ese momento, la dirección artística del Teatro Escuela estaba a cargo de Pedro I. Martínez, la dirección administrativa de Fanny Mikey y el diseño de escenografías de Roberto Arceluz. Por entonces, el maestro Enrique Buenaventura, director de la Escuela Departamental, se encontraba en París. 

 

Desde 1960 el Teatro Escuela de Cali comienza una serie de giras nacionales dentro del programa llamado: teatro para masas. Inicia en el departamento de Santander, contratado por su gobernador, Mario Latorre Rueda. Este primer circuito cubre las poblaciones de San Gil, Socorro, Málaga, Bucaramanga y Barrancabermeja. El TEC continuaría haciendo dichas giras cada año, con el apoyo económico de Ecopetrol. Así mismo, como compañía oficial, recibiría recursos de la Federación Nacional de Cafeteros y del ministerio de Educación. En 1964 el Senado de la República aprueba una partida por doscientos mil pesos para el montaje de obras nacionales.

 

(Continuar leyendo la columna de Gonzalo Arango).

En 1965 renuncia Pedro Martínez a la dirección del TEC, por diferencias en la concepción del trabajo artístico, pues este año el Teatro Escuela comienza una nueva etapa, con cambios fundamentales dentro de la organización grupal y mayor participación de los actores, a través de la improvisación, conocida como dramaturgia del actor. El rey Ubu, en 1966, es la obra que marca este cambio. (Leer más. Artículo Letras Nacionales).

 

En 1967 se hace un intercambio artístico entre la Casa de la Cultura de Bogotá y el Teatro Escuela de Cali. Santiago García viaja a Cali a dirigir La trampa, escrita por Enrique Buenaventura, y éste viaja a Bogotá a dirigir Macbeth de Shakespeare. Después de su estreno, el secretario de Educación departamental prohíbe la temporada de La trampa, con el argumento de que ridiculizaba a las fuerzas armadas; el gobernador del Valle retira la censura, pero en agosto de 1967 el Consejo Directivo de Bellas Artes y Extensión Cultural del Valle declara insubsistentes los cargos del director, actores y personal técnico del TEC. Se suspenden también los auxilios económicos.

 

El Teatro Escuela de Cali continúa con gran dificultad su actividad artística, ensayando en el edificio de Bellas Artes. En 1969 un pequeño grupo del elenco inicial del TEC decide conformar una agrupación independiente, el Teatro Experimental de Cali, bajo la dirección de Enrique Buenaventura.

Enrique Buenaventura.

En: Letras Nacionales (Bogotá), núm. 8, May-Jun. 1966. Foto de Nereo.