Anécdotas

 

Exposición:

Maestro del buen contento. Cronología de Carlos Emilio Campos "Campitos" 1906-1984

 
 

Nace Campitos

 

Cuando se le preguntaba al popular “Campitos” dónde había nacido, contestaba: En Chaparral, en el barrio de Calle Caliente. Me bañé en el Chocho, un pozo en donde, según la leyenda, los chaparralunos reciben su bautismo de inteligencia y de carácter; sin embargo, no tengo ninguna de las dos cosas.

Profesión de Campitos

 

Según comentarios de época, la profesión de Campitos era la de mimo, histrión, farandulero, burlador burlando y remedador genial, por lo demás.

Campitos: coleccionista de apelativos

Un número increíble de adjetivos adornaron la carrera artística del popular actor. Entre ellos se hallan: alquimista del buen humor, amo de la gracia y señor del chiste en buena ley, célebre humorista colombiano, cómico genial, el amo de la risa, gloria chaparraluna, grande entre los tolimenses, histrión afortunado, genio del teatro nacional, ídolo de todos los colombianos, improvisador ocurrente, inigualable, maestro del buen contento, original y popular humorista, máximo dramaturgo, repentista original, pionero del humor político en Colombia, Chaplin colombiano, sátiro político de Colombia.

Montecristo y Brummel

 

Según la revista Semana, antes de la parodia de Romeo y Julieta hecha por Campitos, en 1849 ya se había representada otra del comediante y humorista Guillermo Zuluaga “Montecristo” con textos del poeta tolimense Víctor M. Bermúdez (Brummel), cuya acción no ocurría en Verona sino en las calles de Pereira.

Estadísticas de 1943

 

En 1943 se publicaron las estadísticas sobre la forma como los bogotanos se divertían. En ellas aparecen las “conferencias públicas” (con entrada paga) como las de mayor asistencia. 15 conferencias con un total de 8.703 asistentes. Al año siguiente este renglón desparece de las estadísticas bogotanas.

 

Un par de años después, en 1945, los bogotanos contaban con treinta y pico salones de cine, a los que concurrieron 7.118.615 espectadores a 33.251 exhibiciones, y se recaudaron $3.512.401,20 pesos. Al teatro, en el género de variedades, que recibía mayor número de espectadores fueron 276.355 espectadores y se recaudaron $309.726,21 pesos. Además de cine y teatro, los bogotanos asistieron a recitales poéticos, 25 corridas de toros, 45 reuniones hípicas, 226 riñas de gallos, espectáculos de boxeo y de lucha libre.

 

En 1946 las estadísticas ya no están desglosadas. Muestran que los bogotanos disfrutaron de 34.800 espectáculos a los cuales asistieron 7.918.972 y se recaudaron $4.469.328,58 pesos. El cine era el espectáculo más popular; los recitales poéticos habían bajado a 0.1% y de manera separada ya no se tiene en cuenta el teatro, ni su porcentaje dentro del total.

Juan Tenorio

El 16 de julio de 1948 se estrenó Juan Tenorio Jarami...yo, parodia de la obra de José Zorrilla, escrita y protagonizada por Campitos; durante un mes y medio agotó las localidades del Teatro Municipal de Bogotá. Debido a la extraordinaria afluencia de público todos los días se realizaban dos funciones y los fines de semana tres cada día; por tanto, en los balances del 8 de agosto de ese año, la prensa registraba que la pieza había alcanzado ya 50 representaciones. En total alcanzó 200 funciones con lleno completo, durante el tiempo en que se estuvo en cartelera, en diferentes ocasiones.

Media Torta

 

En 1946, con gran asistencia de espectadores, se presentaron en Teatro de la Media Torta compañías folclóricas nacionales, la Compañía de Operetas Santa Fe, Compañía Mirringo-Mirronga (infantil), Compañía de Variedades Campitos y la de Eduardo Muñoz.

Actor gatuno

 

En 1948 el popularísimo Carlos Emilio Campos, Campitos, hacía reír al público de todo el país durante sus largas e interminables giras artísticas. Él y los miembros de su compañía acostumbraban viajar con un gato que era mimado por todos; su nombre Juan Tenorio Jaramiyo —que correspondía al título de la parodia: Juan Tenorio Jarami…yo—, y su profesión la de actor-galán. En una entrevista concedida por Campitos a José Gere, del periódico El Liberal de Bogotá, decía: “Es la mascota de la compañía. Lo llevamos a todas partes. Él conoce todo el territorio nacional y es un tenorio muy bien relacionado. En cuestión de aseos es correctísimo, pues viaja con su respectiva caja de tierra para hacer sus “gracias” indispensables.

Café Leningrado

Cuando Campitos establece en Bogotá el café Leningrado, declara haber escogido ese nombre porque así “nadie se lo podía tomar”.

La caída del General

 

Sucedió en Cali, durante una de las temporadas de Campitos. El cómico, vestido con su indumentaria del general Rojas Pinilla, aparece en el escenario y sube a una tarima escenográfica que se rompe bajo su peso. El artista, colgado de otra tabla de la que instintivamente se había agarrado para no caer, en una demostración de su genialidad para improvisar, aprovecha el accidente para decir: “Qué tan malo será mi gobierno, que me caí antes de posesionarme”.

Los tres reyes vagos

Malhechor, Melgar y Malgastar, parodia de Campitos de los tres gobiernos militares de entonces en Latinoamérica: Juan Domingo Perón, Gustavo Rojas Pinilla y Marcos Pérez Jiménez, se mantuvo 13 semanas en cartelera en Bogotá (Teatro Faenza y Teatro Lux). Completó 195 funciones y todavía se presentaba reventas de boletas al final de la temporada, antes de salir de gira.

Campitos y los fines de fiesta

 

Durante los años cuarenta y cincuenta del siglo XX, las grandes compañías retomaron la vieja costumbre del teatro español de terminar la noche teatral con un fin de fiesta. Esto es, que después de presentada la obra y de un corto intermedio, se remataba con una serie de números extraordinarios. Los fines de fiesta más recordados fueron los de la Compañía Bogotana de Comedias, de Luis Enrique Osorio, por su gran variedad, y los de la Compañía de Revistas Musicales Campitos, especialmente cuando el cómico intervenía.

 

Campitos componía una serie de escenas breves que los espectadores reconocían de manera inmediata y se disponían alegremente a escuchar y a reír, pues sus estructuras estaban fijadas por un tema, por algunas frases que se volvían célebres y por el vestuario idéntico. Campitos repetía las frases ya fijadas, acompañadas de gags inesperados o reconocibles que las hacía muy cómicas y el público las hacía propias para repetirlas después en la cotidianidad. Lo que cambiaba era el contenido de cada sketch, pues este se alimentaba de sucesos de actualidad.

 

En uno de ellos, Campitos y otro actor aparecían con atuendo de viejitas bogotanas, con ruana y pañolón, antiparras y un tejido de lana con dos agujas. Mientras las viejas movían las agujas intercalaban comentarios y chistes políticos del momento, con modismos cachacos y las palabras invariables eran “... cadeneta, mono, punto, ensortijada, punto, derecha...”

 

En otro cuadro escenificaba una reunión de la ONU a la que asistían el presidente de Estado Unidos Dwight Eisenhower y otros mandatarios. Campitos tomaba la vocería con un fuerte acento español peninsular y decía: “Representantes de todos los países del mundo...”, frase invariable. Era el momento de criticar por medio del humor y el chiste la política internacional.

 

Otro fin de fiesta era el monólogo de José Dolores, interpretado por Campitos. Este personaje también aparecía en algunas otras piezas y el público reía tan pronto lo veía aparecer. Era pálido, nostálgico y en verso hacía un recuento de la difícil situación del país y de los padecimientos del pueblo.

 

Campitos presentaba un sketch en el que se disfrazaba de Charles Chaplin, con el traje, los zapatones, el sombrero de bombín y el bigote, e imitaba sus movimientos. Por esto ganó el apelativo del Chaplin colombiano. En otro cuadro Campitos imitaba a Jorge Eliecer Gaitán, con sus mismo ademanes, tono y léxico particular, en especial Campitos explotaba las constantes referencias que Gaitán hacía a los animales y al campo. Al final de la imitación Campitos decía: “Esta sociedad tiene una conciencia de vaca...”

Romeo y Julieta en la Plaza de las Cruces

 

Carlos Emilio Campos, más conocido como Campitos, nacido en Chaparral, Tolima, aunque de talente cachaco como cualquier bogotano de larga tradición familiar. Pues Campitos era un hombre de teatro y comediógrafo reconocido en el país entero, antes de que el 29 de mayo de 1949 estrenara Romeo y Julieta, disparate trágico-cómico, en el Teatro Municipal de Bogotá, con su Compañía de Revistas Musicales Campitos. Con el subtítulo de disparate cómico se podía deducir con antelación que el éxito estaba asegurado, porque su autor ya estaba probado en el género cómico y en los montajes escénico, debido a la dirección de artes, al elenco y muy especialmente al ingenio que demostraba para diseñar los fines de fiesta.

 

En efecto, Campitos escribió la comedia basándose en la realidad nacional: ridiculizaba situaciones políticas en boga por entonces, mencionaba personajes y sucesos de la vida del país. En Romeo y Julieta parodiaba versos de la tragedia original, contenía frases muy ingeniosas, de fino humor y los acentos culturales y lingüísticos eran principalmente bogotanos. La acción se desarrollaba en el tradicional barrio de las Cruces, sitio en donde las familias Neira y Valderrama tenían sus feudos, y estaban enfrentadas por la venta de chicharrón en la Plaza de las Cruces.

 

Un fragmento de uno de los versos parodiados decía:

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

 

París 

Soy el conde de París, 

Y mi nombre es de abolengo. 

Yo sí puedo presumir,

Y lo que digo lo sostengo. 

Yo no vengo a ver si puedo,

Sino porque puedo vengo. 

 

Romeo

Este de cara bonita,

que se presume de París

no es más que un infeliz

que ha nacido en Guatavita,

y es una pobre lombriz

con alma de Chulavita…

Romeo Neira, el galán de la obra, era interpretado por Campitos, lucía cabello rojizo y vestuario elegante y costoso de la época isabelina; pero también tenía un aspecto un poco desgarbado, era despistado y bastante pendenciero. Para ganar el amor de Julieta, Romeo se veía involucrado en situaciones absurdas y ridículas. Por su parte, Julieta Valderrama era interpretada por la versátil actriz chilena Olga Donoso. La Julieta criolla se distinguía por su gruesa contextura física,  grandes senos y largas trenzas negras. Su vestuario era elegante, aunque similar al usado por las marchantas de cualquier plaza bogotana de entonces.

Para la puesta en escena, Campitos convirtió el escenario del Municipal en un sitio elegante, con telones de buena factura artística, originales y modernos, igual que otros elementos escenográficos y de utilería. La producción estuvo a cargo de Pacho Hernández y la dirección artística del argentino Máximo Giráldez. Formaban parte del elenco Ana Mojica, Sonia Gómez, Nelly Duncan, Lilly Cubillos, Luis E. Escobar, Guillermo Castro, Guillermo Gálvez y otros artistas más.

 

El final de fiesta estaba compuesto por números de variedades musicales y dancísticas y cómicos. Intervenían los conjuntos musicales Los Tarascos, de México, Los Granadinos y el Negrito Barrios; el trío de bailarines estadounidenses An–Ro–Ye y los cómicos Tic Tac.

La información para escribir este relato en parte fue tomada de la tesis: 

Campitos, el comediante trashumante. Precursor del sainete político (1945- 1970), del periodista Nicolás Rodríguez Chaparro, 2009

El General Campitos

 

Campitos dejó grandes recuerdos entre los espectadores por algunas de sus imitaciones y personajes, en especial el del general Rojas Pinilla. En su momento se escribió que, además de la caracterización, se debía al parecido físico con el general, lo cual creaban la ilusión perfecta. El cronista Alberto Yepes, en Cromos (23 mayo 1960), reseña que en Popayán, en una función de Don Próspero Baquero, al momento en que Campitos sale a escena, con su uniforme militar, insignias y condecoraciones de utilería, varios policías que se hallaban en la puerta del teatro adoptaron la posición de firmes e hicieron el saludo castrense, confundiendo al actor con el mismísimo general. La solemnidad policial produjo la risa colectiva y el bochorno de los agentes.