Pesebre Santafereño

navidad en Colombia

Este pesebre podría subtitularse “Recuerdos de otros tiempos”, porque el empresario encargado del espectáculo fue el ornamentador Rafael Neira T., que pretendía recuperar la tradición del pesebre. Lo más destacado del Santafereño era el juego de telones de fondo y la eficiente tramoya para cambiar las escenas.

Lo tradicional fue entendido por Neira como regresar a las figuras de los pesebres coloniales o “época patriarcal” (como lo registra la prensa), a través de los vestigios que se conservaban en la tradición oral y las leyendas. Por tanto, Neira incluyó figuras de indígenas con sus vestimentas, canciones y música; los diablillos y las cascadas con el sonido del agua al caer, el movimiento de las ruedas del molino, el canto de los pastores y su rebaño. Sin embargo, ningún pesebre escapó de escenificar cuadros de la vida cotidiana, los problemas sociales y una orquesta que interpretaba toda clase de aires musicales.

Un párrafo del periódico La Época ilustra parte de este espectáculo:

Todos los cuadros del espectáculo son de movimiento, y los personajes movidos son de tamaño natural. Una orquesta compuesta de magníficos artistas deleita constantemente al público con acordes de infinita armonía. (La Época, Bogotá, núm. 100, ene. 3, 1896).

teatro de navidad

Poca información se tiene de este pesebre. Al parecer su primera salida pública se produjo en enero de 1896, en un salón acondicionado para tal efecto, ubicado en la carrera 9ª con calle 17, en el centro de Bogotá. Su reaparición ocurrió en 1899, durante los dos primeros meses del año. Fue montado en un salón de la antigua casa de los virreyes y allí se dieron funciones todas las noches. Un párrafo ilustra el espectáculo de dicho año:

Buenos y hábiles actores, admirables chistes y picantes agudezas, deliciosa música, bello canto, juguetes cómicos muy bien representados, crítica ingeniosa de todo lo malo, corrección amena, en fin, todo lo que haga reír y convierta las aburridoras horas de la noche en deliciosos ratos de olvido para las tristezas de la vida […] (El Reporter (Bogotá), núm. 96, feb. 4, 1899, p. 3).

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