

María Dolly Mejía Moreno


Nació en Jericó (Ant.) el 6 de agosto de 1920 y murió en Bogotá, el 26 de octubre de 1975.
Cursó sus primeros años en la Escuela Urbana de niñas de Jericó, y los secundarios en el Colegio María Auxiliadora, en Medellín. En esta ciudad formaba parte de algunas tertulias literarias. Su formación la concluyó en Quito, Ecuador.
Dolly Mejía no se ajustó a normas sociales al uso, por lo que inspiraba desconfianza en algunas personas. A lo largo de su vida sobrepasó grandes dificultades y, al parecer, tuvo épocas en que sufrió profundas depresiones.
En Bogotá, Dolly asistía frecuentemente a las tertulias de los periodistas en el Café Automático, junto con Emilia Pardo y Emilia Ayarza. Estuvo cerca del grupo de poetas de Piedra y Cielo. Precisamente, Eduardo Carranza prologó su primer libro de poemas, titulado Las horas doradas (1945). Después publicó otros libros de poesía, como Alborada en la sangre (1946); Raíz del llanto (1947) y otros más.
Después de unos pocos años de matrimonio con Alberto Hernández quedó viuda y, entonces, Dolly decidió desempeñarse como redactora de planta del periódico El Tiempo; asimismo, fue directora del suplemento literario de La República, colaboradora de los periódicos El Colombiano, El Liberal, la revista Cromos, y El Economista de Buenos Aires, Argentina.
Perteneció a la Asociación de Escritores y Artistas de Colombia hasta principios de los años sesenta, cuando se radicó en Madrid, España, tras contraer un segundo matrimonio con Otto Hans Petter, penalista y coleccionista de arte austriaco, de quien años más tarde también enviudó.
En Madrid, Dolly continuó siendo corresponsal de prensa, acreditada en el Club de Prensa Extranjera, y estudió museología en Francia, lo cual le permitió escribir columnas críticas de arte.
Regresó a Bogotá enferma, con un cáncer avanzado. De este periodo han llegado algunas pocas noticias suyas y un par de testimonios de sus últimos meses de vida, relatados por una amiga suya, como un matrimonio celebrado por lo civil y algún intento de suicidio para dar fin a su sufrimiento.
Autora de Manos atadas. Poema dramático en tres actos, publicado en Bogotá en 1951, por Editorial Kelly. En la página final del libro, Dolly se dirigió a sus lectores a través de una conmovedora nota, fechada el 4 de abril de 1951. Esto dice:
“Cuando escribí esta obra era feliz y gozaba de plenitud de afecto. En realidad, tuve que soñar con el dolor y adentrarme por sus desconocidos caminos. Entonces, vivía mi adorable esposo y compañero, quien con júbilo esperaba esta obra —ya en prensa— cuando sorpresivamente me lo arrebató la muerte. La obra termina con tres palabras trágicas que dolorosamente se han cumplido para mí: "DESIERTO, SOLEDAD, MUERTE". Hoy, ya no en sueños, sino en un universo de negrura y con un grito de dolor exclamo: Alberto Hernández: Acepta la póstuma ofrenda de mi cariño en esta obra que tú conociste y amaste. La ficción se ha vuelto realidad fúnebre, porque sin ti todo es "¡DESIERTO, SOLEDAD, MUERTE!".
Dolly Mejía
El poema dramático tiene un bello lenguaje lírico en la expresión de sentimientos, en las reflexiones de los personajes y en la descripción de los paisajes, con el propósito de transmitir el conflicto íntimo y perturbador de una mujer que, contra sus ardientes anhelos, no ha sido madre biológica: “Mis entrañas están calladas / como cuando era doncella... /”, así lo expresa la protagonista.
Y esas entrañas están calladas porque su marido no la volvió a tocar después de tener en sus brazos al hijo que concibió con otra mujer y que Nubia, la protagonista, ha criado. Su maternidad ha sido impuesta, por esto siente un rechazo visceral hacia ese hijo que para ella es ajeno: “Él, que dejó mi vientre intacto; / cerradas mis caderas, / delgada mi cintura, / como desierto caracol mi carne, / ¿cómo puedo mirarle con ternura? / ¿Cómo llamarle ¡hijo! / si tiene las pupilas tan oscuras?... / ¿Cómo palpar su piel llena de gozo, / si es como si mis dedos transitaran / por una extraña ruta?”
Nubia aceptó criar ese bebé por amor a su marido; pero, siempre ha estado celosa del cariño y las ternezas que él le prodiga. Ella siente por el pequeño una gran aversión, a pesar de haberlo criado, y de que la llame madre y la considere como tal, pues no ha conocido a ninguna otra. A lo largo del tiempo, Nubia no ha logrado reconciliar esos sentimientos con la razón y con su experiencia.

La imposibilidad de aceptar el hijo ajeno, destruye el equilibrio del hogar y la conduce a una ruptura irreversible que la condena a la soledad. Precisamente, el título del drama simboliza esa impotencia, de la que ella tiene perfecta conciencia: sabe que su rechazo es destructivo, pero es incapaz de liberarse y cambiar ese destino autoimpuesto, siente sus “manos atadas”.
Como una terrible metáfora, la obra se desarrolla en un ambiente rural de bellos jardines y fértiles sembradíos, que contrastan con su situación de mujer que no ha sido madre biológica; por esto, la autora combina un lenguaje profundamente poético con la tragedia psicológica y moral de la mujer.
En 2025, la Biblioteca Nacional de Colombia y el Ministerio de las Culturas las Artes y los Saberes, en la segunda entrega de la Biblioteca de Escritoras Colombianas, incluyó a Dolly Mejía en dos de sus libros. En: “La noche próxima. Antología de cuento”, el cuento breve La enemiga; y en: “Incendios. Antología de poesía”, se reunieron cinco poemas de la autora bajo el título de “Materia encendida”.





