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Rafael Guizado
Rafael Guizado

 

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Semblanza de Rafael Guizado
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1. Sobre el amor

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Rafael nació el 23 de diciembre de 1909, en Chinú (Córdoba). Hijo de Luis Carlos Guizado, nacido en Corozal, y de la momposina Rosalbina Pérez. Además de Rafael, la pareja tuvo una hija, Mary, madre de Ricardo Camacho, director del Teatro Libre de Bogotá..

 

La familia Guizado Pérez se mudó de Chinú a Cartagena. Al poco tiempo la madre murió de apendicitis, con apenas veintitrés años de edad. Entonces, Luis Carlos decidió cambiar su sitio de residencia a Bogotá. Esto le facilitaba la educación de sus hijos: Rafael y Mary.

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Después de haber concluido sus estudios en la Universidad de Lovaina, Rafael conoció a Lucy Pinzón Suárez, en Cartagena de Indias, en enero de 1934. El periódico El Tiempo lo había enviado a esa ciudad a cubrir el viaje del presidente Enrique Olaya Herrera quien inauguraba los muelles, dentro de los festejos del IV Centenario de la Independencia. Por su parte, Lucy representaba al Departamento de Caldas en el primer concurso de belleza celebrado en Cartagena. En el evento, Lucy obtuvo el puesto de segunda princesa.

El matrimonio Guizado Pinzón tuvo tres hijos: María Cristina, Clemencia y Fernando.

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Décadas más tarde, Rafael quedó viudo y contrajo nuevas nupcias con Mercedes Amador, el 14 de marzo de 1963. Mercedes era oriunda de Corozal.  


2. La academia y publicaciones

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Rafael cursó el bachillerato en el Colegio de San Bartolomé, en Bogotá, y estudió leyes en la Universidad Nacional de Colombia. Una vez obtuvo su grado viajó a Bélgica, a la Universidad de Lovaina a especializarse en Derecho Internacional. Se graduó en julio de 1930.

 

La guerra colombo peruana (1932-1933) se terminó con la firma del Protocolo de Río de Janeiro. Rafael Guizado era conocedor del tema por sus estudios y por haber trabajado en la delegación permanente colombiana de la Liga de las Naciones en Ginebra (Suiza). Primero, como Encargado interino de negocios (1933) y luego, como Secretario de la delegación (1935).

 

Dado sus conocimientos académicos y su cercanía con el problema peruano, redactó un estudio sobre las transformaciones del derecho internacional, titulado: Los acuerdos de Ginebra y de Río y la evolución del Derecho Internacional (1934).

Rafael Guizado

 

Lea el documento en: Academia Colombiana de Historia. Biblioteca Eduardo Santos.

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Después de su trabajo en la Liga de las Naciones, Rafael regresó al país y ejerció la cátedra de Derecho Internacional en la Facultad de Derecho de su alma mater. Se desempeñó como Director de Seminarios para la carrera diplomática y consular. Este curso fue abierto en 1938, por el gobierno nacional, para servir como complemento a la reorganización del Ministerio de Relaciones Exteriores. Para acceder a los cursos de extensión los aspirantes debían haberse graduado de abogados, pues se consideraba como una especialización. El programa contó con diez profesores, y de setenta y cinco alumnos se graduaron treinta y cinco, dadas las exigencias académicas.

Además de la modernización que se estaba produciendo en el país, es posible que los reiterados argumentos de Rafael en la prensa, en la academia y en algunos círculos gubernamentales, hubiesen dado un nuevo aire a los análisis sobre cuestiones diplomáticas e internacionales.  En efecto, en reiteradas oportunidades él había expresado la necesidad que el país tenía de mejorar los servicios de la Cancillería, y de capacitar a los funcionarios diplomáticos. Lea su primer artículo al respecto:

 

"Una innovación necesaria"El Tiempo, 3 de diciembre de 1933, p. 4.

Entre sus opiniones críticas, Rafael exponía que el país no tenía una legislación sobre inmigración, y tampoco hacía una distinción entre el inmigrante y el extranjero, entre otros temas. En uno de sus artículos se refería a las prácticas diplomáticas del país, calificadas por él como pertenecientes a la “vieja diplomacia claustrada y misteriosa”, siendo Colombia una república democrática. Rafael también estaba en desacuerdo con los procedimientos empleados para escoger a los agentes diplomáticos colombianos, basados principalmente en razones políticas.

 

Lea “La evolución diplomática”: El Tiempo 1 de julio de 1934, pp. 4 y 9.

Gracias a sus estudios, experiencia académica y análisis sobre cuestiones internacionales, Rafael asesoró a la Comisión de Relaciones de la Cámara de Representantes.

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Poco a poco Rafael comienza a alejarse de la facultad de derecho para adentrarse en el mundo de la gestión cultural, en la creación literaria y teatral. Aunque no abandona del todo las reflexiones sobre la situación mundial, como lo atestiguan algunos de sus ensayos. Dentro de la misma Universidad Nacional, Rafael pasó al Conservatorio como profesor de historia del teatro, declamación, técnica escénica, entre otras materias. Al finalizar los cursos, Rafael dirigía los montajes teatrales de los alumnos.

Con el nombramiento de Gerardo Molina Ramírez como Rector de la Universidad Nacional se estableció el sistema de bienestar universitario. Para desarrollarlo y llevar a cabo los programas de extensión, Molina nombró a Rafael quien, además, continuó dirigiendo los montajes teatrales. Después de que Rafael se retiró de la universidad, Bernardo Romero Lozano lo sucedió en la dirección artística. Fue entonces cuando Romero bautizó la agrupación como Teatro Experimental Universitario. Y para estrenar su flamante nombre el grupo debutó con Otra vez el diablo de Alejandro Casona.


3. Rafael, funcionario público

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1933. En enero, en la delegación permanente colombiana ante la Liga de las Naciones, en Ginebra (Suiza), Rafael Guizado asumió funciones como Encargado Interino de Negocios. Desde septiembre de 1932, el presidente Enrique Olaya Herrera estaba afrontando el conflicto armado con el Perú que terminó con la firma del Protocolo de Río de Janeiro, en 1934.

1935. Concluido el mandato de Olaya Herrera, el nuevo presidente de Colombia, Alfonso López Pumarejo, designó a su antecesor como Ministro de Relaciones Exteriores. Ya en este cargo Olaya Herrera nombró a Rafael Secretario de la delegación permanente colombiana, en la Liga de las Naciones, en Ginebra. Rafael asumió su nuevo cargo en enero de este año. Además, le correspondió representar al país en la XIX Conferencia Internacional del Trabajo reunida en Ginebra.

 

1940. El 1 de febrero a las 8 p.m., el presidente Eduardo Santos inauguró el edificio de la Radiodifusora Nacional. Sus principales gestores fueron: Gustavo Santos quien estuvo a cargo de todo lo relacionado con la construcción y dotación de la estación radial; Arcadio Dulcey que culminó el proyecto, como sucesor de Gustavo Santos en la dirección de Extensión Cultural y Bellas Artes. Y Rafael Guizado, nombrado por el presidente Eduardo Santos primer director de la Radiodifusora Nacional, encargado también de la programación.

 

Rafael permaneció un poco más de un año al frente de la estación, aunque siguió vinculado a través del programa de radioteatro, y de una franja periodística.

 

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4. Periodismo

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Después de desempeñar su cargo diplomático en Ginebra, Rafael empezó a colaborar con el periódico El Tiempo. Se encargaba de la información y análisis internacional. En la página editorial publicaba en la columna Cuestiones internacionales.

 

Desde diciembre de 1942 hasta agosto de 1943, Rafael colaboró en El Liberal (Segunda época), periódico bogotano dirigido por el expresidente Alberto Lleras Camargo. En este mantuvo una columna titulada: Un Día Tras Otro, publicada en la página editorial los lunes y jueves.

 

Después de varios años de vida académica, Rafael fue contratado por la Compañía Colombiana de Seguros como jefe de ventas. A su cargo quedó la dirección y edición de Vida. Revista de Arte y Literatura (Segunda época).

 

Por motivos laborales Rafael cambió de ciudad. Con su familia se fue a vivir a Barranquilla. Durante su residencia en dicha ciudad y, décadas más tarde, cuando se mudó a Cartagena mantuvo una columna en el periódico El Heraldo de Barranquilla, llamada Coloquio.

 

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5. Guiño político revolucionario

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En 1944, Rafael formó parte de la Alianza Nacional Revolucionaria, organizada por él y los escritores Eduardo Caballero Calderón y Eduardo Carranza. Para explicar los objetivos del movimiento, los tres escritores publicaron el folleto titulado: Qué es la alianza nacional revolucionaria.

 

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Las frases iniciales de un primer y largo párrafo son contundentes para señalar el estado de la cuestión política en la nación, y es el preámbulo para hacer una declaración ideológica y de principios políticos:

Comenzamos por decir que a los dos partidos históricos los aqueja hoy, paralelamente, una crisis de ideas. Queremos decir más claramente que esta crisis se refiere no tanto a las ideas que puedan profesar y sostener hoy, como al plano espiritual en que ellas se mueven.

Para ratificar lo anterior, los escritores establecen un parangón entre el momento de crisis ideológica que atravesó la América hispana al final de la Colonia, y el lapso posterior a la independencia política. Califican a los partidos tradicionales (Liberal y Conservador) anacrónicos y sin futuro por sus manidas prácticas políticas, incapacidad para pautar nuevos rumbos en la economía y falta de una doctrina de integración latinoamericana. Enumeran, asimismo, según su perspectiva, las “incongruencias” del gobierno de Alfonso López Pumarejo en economía, política monetaria, comunicaciones, etc. “Pero si por el partido liberal llueve a cántaros, por el conservador tampoco escampa”, agregan los firmantes del manifiesto. Y subrayan la falta de ideas y doctrinas del conservatismo, su “carácter puramente político y circunstancial” que solo ofrece una “obediencia de perros” y “sumisión absoluta a un jefe autoritario”, y cuyo objetivo único es: “no dejar gobernar al partido liberal”.

 

Desde el segundo párrafo del manifiesto es evidente que sus firmantes se dirigen, en primera instancia, a jóvenes universitarios:

Exactamente lo mismo les sucede hoy a los partidos históricos frente a esta alianza de voluntades juveniles que clama por un nuevo planteamiento de la realidad nacional, y que suspira por levantarle y sacarla de ese plano caóticamente regional en que se encuentra sumergida.

En segundo término se dirigen a lo que ellos llaman el “país real” (contrapuesto al “país oficial”), integrado por “el hombre de trabajo, el campesino honrado, el estudiante, el científico, todos los que no necesitan de transigir para triunfar ni de humillarse para ganarse el pan de cada día”.

 

En términos bastante generales, el movimiento propuso reorganizar el Estado y cambiar la política interna luchando contra la corrupción. Para lograr lo anterior se necesitaba capacitar a sus dirigentes, proteger las fuentes de riqueza nacional, crear industria, ayudar a empresas particulares y cualificar al ejército, entre otros. En política internacional propusieron impulsar la unión latinoamericana, cambiar los conceptos en los que se basaba la relación con Estados Unidos: pasar de la subordinación a la delimitación de los respectivos campos, igual que equilibrar las relaciones con países europeos.

Juventudes colombianas

 

 

Para apoyar las declaraciones de los tres escritores, el 24 de mayo los estudiantes organizaron movilizaciones en Bogotá y Medellín. Algunos políticos y grupos la emprendieron contra el manifiesto. Rafael contestó a través de un artículo, publicado en El Colombiano de Medellín. En este ratificó los contenidos del manifiesto y se enfocó, en especial, en refutar las tergiversaciones que se habían dado a los planteos sobre las relaciones con Estados Unidos, y a la acusación de contenidos fascistas del documento. Para rechazar esta última afirmación, Rafael se respaldó en su trayectoria pública e ideológica, expuesta ampliamente y sin “subterfugios” en sus escritos periodísticos.


6. Obra literaria y teatral. Difusión

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Rafael dio a conocer su obra literaria y teatral especialmente en publicaciones periódicas, como la Revista de las Indias, auspiciada por el Ministerio de Educación Nacional, que tuvo un importante comité de redacción nacional e internacional, y a lo largo del tiempo contó con un grupo de intelectuales en la dirección. En ella escribieron autores hispanoamericanos (republicanos españoles, desplazados por la guerra, por ejemplo), con el objeto de mostrar a Latinoamérica en toda su diversidad.

Igualmente publicó en Vida. Revista de Arte y Literatura, de la cual fue también su director. Esta revista con hermosas ilustraciones y clara diagramación, pertenecía a la Compañía Colombiana de Seguros. El semanario Sábado fue otro medio donde Rafael difundió sus escritos.

 

Además de las publicaciones periódicas, Rafael tuvo la oportunidad de recoger su obra en varios libros, tales como: Cinco veces amor, 1948; Renuncia ministerial (Cuentos políticos), 1949; Sonata en la playa. Fantasía en un acto, 1959; Complemento y sonata en la playa, 1973; y Las edades del hombre [s.f.].

 

Algunas de las piezas teatrales de Rafael fueron transmitidas por la Radiodifusora Nacional, representadas en el escenario teatral, y adaptadas a la televisión.

 

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7. Actividades culturales

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Rafael Guizado tomó parte activa en programas de difusión del arte y la cultura, principalmente en la década de los cuarenta. Algunas de esas actividades, y de las cuales quedaron registros periodísticos, son las siguientes: en Bogotá fue anfitrión de Thornton Wilder escritor y dramaturgo estadounidense, quien regresaba de Medellín de visitar al filósofo Fernando González Ochoa. En 1943 Rafael fue también anfitrión de Louis Jouvet y su compañía de repertorio, durante la temporada en el Teatro de Colón en Bogotá.

A finales de 1942 la Dirección de Extensión Cultural organizó un importante ciclo de conferencias sobre el Siglo XX, en el Colón. Los diferentes conferencistas se propusieron hacer un balance, hasta ese momento, del desarrollo de las artes y las ciencias: astronomía, lingüística, química, estudios folclóricos, arquitectura, historia, pintura, arqueología, etnología, etc. Para este ciclo, Rafael fue invitado a hablar sobre el teatro del siglo.

 

Uno de los hechos literarios que despertó mayores expectativas fue el concurso de la editorial neoyorkina Farrar y Rinehart, para publicar una novela colombiana. La Revista de las Indias se encargó de convocar y coordinar todo lo relacionado con el concurso, e invitó a Rafael a participar como jurado. Se desconoce si sobre sus hombros, en solitario, recayó la mayor responsabilidad. Inicialmente Rafael aceptó y luego renunció “por motivos desconocidos”, según la prensa (El Tiempo, 6 de nov. de 1942, p. 5.).

Esos “motivos desconocidos” siguen escondidos hasta el presente. Pero no es difícil deducir que dado el sorprendente número de obras recibidas, esto hubiera rebasado la capacidad de un lector-jurado. También que, como suele ocurrir en los concursos, se hubieran extendido innumerables consejas, o que varios escritores hubiesen deseado ser elegidos para tan honrosa designación, entre otras tantas conjeturas. De todas maneras, adentrándose en el mundo de las conjeturas, es bastante diciente un párrafo del ensayo de Rafael: Cuando la guerra termine, publicado en ese periodo:

 

El escritor y el artista tienen, en general, un rencor hondo y la hiel abundante. Si se trata de rivalidades y antagonismo profesionales, hay en ellos un empeño constante de brillar solitarios, de desconocer méritos ajenos. Ello proviene generalmente, no de una índole arisca y amargada, sino de un intenso vivir interior que chupa toda la savia de sus sentimientos y les hace aparecer con una hosquedad y una inclemencia profunda cuando se trata de la obra de los otros. Se agrega a esto, esa maledicencia fácil que sazona los círculos intelectuales y los convierte en clanes herméticos, y es el descanso mental de quienes se ven obligados a solicitar del cerebro un profundo esfuerzo creador. Pero cuando se trata de diferencias ideológicas, y especialmente cuando se han abierto fosos en los que se siembran la sangre y el dolor de los hombres, las divisiones intelectuales toman caracteres de lucha continua, y van acompañadas de sevicia y odio.

Un tiempo después, la dirección de la revista tomó la plausible solución de constituir un jurado más numeroso y de carácter ecléctico: Tomás Rueda Vargas, Luis Eduardo Nieto Caballero, Silvio Villegas, Edgardo Salazar Santacoloma y Carlos Ariel Gutiérrez. No todos aceptaron la designación.

Entre otras muchas actividades del periodo, se puede mencionar, igualmente, que Rafael formó parte del grupo de escritores que tertuliaba en la Librería Siglo XX y se asociaron bajo el nombre de Club de los veinte, con el objeto de estimular la publicación de obras nacionales y de su propia cosecha, entre otros objetivos. Hoy poco se conoce de las realizaciones del Club; hasta el momento, se encuentra un libro de autoría de Hernando Téllez, catalogado en bibliotecas bajo el sello de la Librería y del Club de los veinte.

 

Lea el artículo de Guizado sobre este hecho. El Liberal, julio 25 de 1943, p. 4.


8. Otros quehaceres laborales

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Ya se vio antes que Rafael trabajó con el gobierno, primero como Encargado Interino de Negocios, y luego como Secretario de la delegación permanente colombiana, en la Liga de las Naciones (Ginebra, Suiza). Comenzando la década del cuarenta fue el primer director de la Radiodifusora Nacional; profesor en la Universidad Nacional y el Conservatorio; y responsable de desarrollar el sistema de bienestar universitario y de las actividades de extensión cultural de la misma universidad.

Además, en la empresa privada Rafael se desempeñó como Jefe de Ventas de la Compañía Colombiana de Seguros, y durante 1946 y 1947 fue director y editor de Vida. Revista de Arte y Literatura. Permaneció en esta compañía hasta 1948.

 

A finales de los años cuarenta, Rafael se vinculó con Celanese Colombiana S. A., en Barranquilla y después en las oficinas en Bogotá. A lo largo del tiempo, en Celanese desempeñó diferentes cargos, entre ellos el de Secretario General y Subgerente. En dicha empresa permaneció hasta cuando cumplió el tiempo requerido para su pensión de jubilación.

 

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Después de su jubilación, Rafael vivió en Cartagena de Indias. En esta ciudad continuó escribiendo su columna para El Heraldo de Barranquilla, y hasta el día de su muerte colaboró activamente con una fundación que ayudaba a recuperar personas inválidas.

 

Rafael murió el 13 de mayo de 1984, en Cartagena. Tenía 75 años.

 

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